Alex Amengual

Biografía

Alex Amengual trabajando con redes de pescadores en el taller, 2026
El artista trabajando en la serie, 2026.

Biografía del artista

Alex Amengual (Mallorca, 1970) es un artista visual que vive y trabaja entre Sa Pobla y Londres. Su obra descansa sobre una convicción forjada a lo largo de cuatro décadas tras la cámara: que la belleza superficial es lo de menos en una imagen, y que lo que perdura en una obra es su carga emocional. La fotografía sigue presente en su práctica no como fin, sino como instrumento: la cámara traslada elementos del mundo natural —el cuerpo, la tierra, una red de pesca— a la pantalla de serigrafía, desde donde vuelven a entrar en la obra por la mano.

Su tema es el vínculo entre las personas y el lugar, abordado a través de la materia física del propio lugar. En Corpus Terra (2025) molió la tierra agrícola de Sa Pobla —el pueblo donde vive, donde nació su hijo y donde murió su padre— hasta convertirla en pigmento ligado con una gota de su propia sangre, e imprimió con él la huella de su propio cuerpo: una meditación sobre la presencia, la permanencia y la tierra que nos alimenta y nos recibe. Un nuevo cuerpo de obra lo lleva ahora de la tierra a la costa y al mar: pinturas realizadas con acrílico diluido en agua de mar y trabajadas con redes de pescadores, sobre las que se serigrafía una red fotografiada, lo hecho por el hombre interactuando con lo natural. Juntos, los dos cuerpos de obra describen la vida isleña desde la mirada de un isleño —la unión de la tierra que pisamos y el mar que nos rodea—, una indagación que no deja de ensancharse. Hijo de artista, Amengual entiende esta atención a lo que permanece —de un lugar, de una persona, de un gesto— como una herencia.

Amengual ha expuesto en España, el Reino Unido y los Estados Unidos. Corpus Terra se mostró por primera vez en Es Corro, Sa Pobla (2025), y gira actualmente con la exposición colectiva De Meninas Va, que en 2026 ha pasado por la Casa de Cultura (Felanitx), el Centre d’Art Sa Quartera (Inca), Sant Crist (S’Arracó) y la Sala de Plens del Ajuntament d’Andratx, y que abre próximamente, en octubre, en la Sala del Rosser (Ciutadella, Menorca). La colectiva Reinterpretant Sant Antoni, también en curso, se ha visto en Can Soler (Sa Pobla) y Ca na Polida (Campanet). Entre sus exposiciones anteriores figuran el Centro Cultural Sa Nostra, Palma (2002), Projectile Arts, Nueva York (2003), y galerías de Mánchester y Escocia. Su obra forma parte de colecciones privadas nacionales e internacionales.

Declaración del artista

Soy un artista visual de Mallorca y vivo y trabajo entre Sa Pobla y Londres. Cuatro décadas tras la cámara me enseñaron una lección duradera: que la belleza superficial es lo de menos en una imagen. Lo que perdura en una obra —como en un rostro, como en un lugar— es su carga emocional. Todo lo que hago nace ahí.

La fotografía sigue siendo mi manera de mirar, pero ya no es mi destino. Uso la cámara para trasladar elementos del mundo natural —mi propio cuerpo, la tierra, una red de pesca— a la pantalla de serigrafía, desde donde vuelven a la obra por la mano. La pantalla me sirve en los dos registros del grabado: algunas obras existen como ediciones, en la tradición fotográfica; muchas otras pasan por ella a la manera del monotipo: cada impresión es una variante, trabajada y pintada para existir una sola vez.

Mi tema es el vínculo entre las personas y el lugar, y lo abordo a través de la materia del propio lugar. En Corpus Terra molí la tierra agrícola de Sa Pobla —donde vivo, donde nació mi hijo y murió mi padre— hasta hacer de ella un pigmento ligado con una gota de mi propia sangre, y con él imprimí la huella de mi propio cuerpo. Un nuevo cuerpo de obra me lleva ahora de la tierra a la costa y al mar: diluyo el acrílico en agua de mar y trabajo las pinturas con redes de pescadores del puerto, y luego imprimo una red fotografiada sobre cada mar terminado — lo hecho por el hombre interactuando con lo natural.

Estos dos cuerpos de obra pertenecen a un mismo pensamiento. La gente de la tierra cultiva su alimento en el mismo suelo donde entierra a sus muertos; la gente del mar saca su alimento de la misma agua que recibe a los suyos. El sustento y la pérdida comparten un solo elemento, y con ese elemento es con el que pinto. Esto es la vida isleña vista desde la mirada de un isleño —la tierra que pisamos y el mar que nos rodea—, y es una indagación que espero que me ocupe el resto de mi carrera.

Mi padre era artista, y entiendo lo que hago como una continuación de lo que él empezó: una atención a lo que permanece —de un lugar, de una persona, de un gesto—. Al espectador solo le pido lo que la obra me pidió a mí: quedarse el tiempo suficiente para dejar de mirar y empezar a sentir.